UN TEMA CLAVE

Se debe y se puede reflejar bien el peso del agro en las Cuentas Nacionales

Hace más de 18 años. Rodolfo Irigoyen escribió en El País Agropecuario (N° 126, páginas 22 a 24) que “los productores agropecuarios tienen un conflicto histórico con las Cuentas Nacionales que elabora el Banco Central, elaboración que en gran medida deriva de normativas de aplicación internacional definidas por los organismos competentes de Naciones Unidas”.

/tomada de http://fueradelexpediente.com.ar

Esa nota fue publicada en agosto de 2005, pero en ella Rodolfo recordó que en el año 2000 la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) había elaborado “un excelente trabajo” donde se estimó que el agronegocio representó en 1999 el 24,4% del PBI y el 22,3% del total de las remuneraciones pagadas a los trabajadores en la economía uruguaya.

Se trata de “Estimación de la incidencia del sector agronegocios en la economía uruguaya”, un estudio elaborado por el Ing. Agr. Alfredo Picerno, el Ec. Fernando Antía y el Ec. Mayid Sáder incluido en el Anuario 2000 de OPYPA.

“En línea con la tradición del concepto de ‘Agribusiness’ de origen estadounidense, se entiende el agronegocio como la expresión sintética de un sistema integrado verticalmente que incluye ‘la totalidad de los procesos y agentes participantes en la elaboración de productos de origen agropecuario, desde la fabricación de insumos y bienes de capital para la agricultura, la propia producción primaria, su procesamiento industrial y las otras etapas hasta el consumo final (transporte, almacenamiento, comercialización, etc.)’”, afirmaban los autores, citando un trabajo (“La agroindustria en Uruguay, su estructura y dinámica de largo plazo”) publicado en 1993 por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la UdelaR y la Fundación de Cultura Universitaria.

Hace casi 10 años

El equipo técnico de la Red Mercosur presentó en julio de 2009 el informe del proyecto “¿Cuál es la importancia real del sector agropecuario sobre la economía uruguaya?”.

Se realizó en un marco de asistencia técnica a la OPYPA para la construcción de una Matriz de Insumo Producto (MIP) y una Matriz de Contabilidad Social (MCS) adecuadas al análisis del impacto del agro en la economía y la sociedad, mediante el estudio de encadenamientos y utilizando un modelo de equilibrio general computable.

La MIP y la MCS fueron construidas. “Como resultado de este proyecto, el gobierno va a contar con instrumentos de análisis de política que hace años que no tenía”, dado que “la última Matriz de Insumo Producto que se hizo pública en Uruguay es de 1983”, decían en 2009 los autores del informe.

Este trabajo fue coordinado por la economista María Inés Terra. Actuaron como consultores el economista Pedro Barrenechea, la analista Elena Cuadrado, el Ing. Agr. y MBA Héctor Pastori, la economista y nanotecnóloga Ivana Resnichenko y la economista Dayna Zaclicever.

En el ítem “Recomendaciones” se lee: “Al definir prioridades de política sectoriales, comerciales o macroeconómicas, el gobierno debería tener muy presentes los impactos” que genera el agro.

Mostrar la realidad

En el Informe de Cuentas Nacionales que elabora el Banco Central del Uruguay (BCU) el agro es presentado solamente como “Actividades Primarias (agricultura, ganadería, caza y silvicultura)”, por la razón que mencionó Irigoyen.

Pero el agro -en la realidad, concreta y diaria- está presente en muchos de los otros ítems del Informe: por ejemplo, “Industrias Manufactureras”, “Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones” y “Otras Actividades” (que “incluye Servicios de Actividades Inmobiliarias, Financieros, Prestados a las empresas, del Gobierno general, Sociales, de esparcimiento y personales y el ajuste por los Servicios de intermediación financiera medidos indirectamente -SIFMI-”).

Y -cada vez que se hacen obras en un emprendimiento agropecuario o agroindustrial, en entidades de investigación agropecuaria, en centros educativos relativos al sector, en actividades y servicios conexos- hay una participación generada por el universo del agro en el rubro “Construcción”.

“Está bien regirse por una metodología internacional” porque, “si no, no tendríamos orden de comparación con ningún país”, dijo en diciembre en El Mercado Agropecuario (Carve 850) la Ec. Rocío Lapitz, responsable técnica de la Dirección de Estudios Agroeconómicos (DEA) de la Asociación Rural del Uruguay (ARU).

Pero agregó que “también es cierto que en muchos países” -por ejemplo Argentina, Brasil y Chile- se mide más allá de la producción primaria, con distintos nombres: por ejemplo, sector agroindustrial o agribusiness.

“Acá no se está haciendo, es un debe. Deberíamos empezar a aplicarlo. Perfectamente, el Banco Central podría empezar a hacerlo”, afirmó.

La Ec. Lapitz señaló que el sector agropecuario “también mueve mucho” en la innovación.

En el Informe Mensual de Comercio Exterior correspondiente a noviembre de 2018, el Departamento de Inteligencia Competitiva de Uruguay XXI destacó que en lo que iba de ese año “más de la mitad de las exportaciones de bienes de Uruguay son ventas de bienes con un nivel Alto o Medio Alto de Esfuerzo Nacional Innovador” (ENI) y que “el agro ocupa un porcentaje mayoritario de estas exportaciones”. El ENI es un indicador que mide el gasto en investigación y desarrollo incorporado en los productos.

La carne vacuna representa 49% dentro de la categoría Alto Esfuerzo Innovador (AEI), la máxima de las cuatro en las que se clasifica el ENI (las otras son Medio Alto Esfuerzo Innovador, Medio Bajo Esfuerzo Innovador y Bajo Esfuerzo Innovador).

La responsable técnica de la Dirección de Estudios Agroeconómicos de la ARU resaltó que la exportación de carne “tiene mucha genética detrás, mucha investigación y desarrollo para lograr ese tipo de carne” y que “lo mismo pasa con cualquiera de los granos”.

En el Informe de Cuentas Nacionales del BCU correspondiente al año calendario 2018 figura que la participación del agro (“Actividades Primarias”) en el PBI fue de 6,1%. En 2017 había sido de 5,5%.

La solución parece simple: mantener la información elaborada de acuerdo a la metodología internacional e incorporar el criterio de medición del peso del agro en el PBI que refleje bien el aporte del sector. Que refleje bien lo que realmente ocurre. Que refleje bien la verdad. ¿Parece clave en un país en el que el 75% de sus exportaciones provienen del agro y sus cadenas productivas, no? •

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