OPINIÓN

La vaca resiliente

El atraso cambiario pone una pata enorme encima de las empresas ganaderas y, en general, de todas las productoras de transables

Esta nota fue escrita el 31 de marzo de 2019.

¿Quién habría de decirlo? Cuando el país se cocinaba en la feroz sequía del verano pasado, y todos los diagnósticos y todos los pronósticos auguraban un desastre, la vaca nuevamente disputó y ganó el primer puesto entre todos los rubros productivos, con resto para tirarle un cabo al Uruguay que se asfixiaba en la seca de las finanzas.

Tomada de www.inac.uy

Pero así ocurrió, una vez más.
La ganadería de carne –incluso con el viento en contra– vuelve a batir récords de producción, exportaciones e ingresos sectoriales.
Al mismo tiempo, las empresas, las grandes y las familiares, enfrentan un escenario adverso: sus balances están en rojo o sin márgenes, postergan o cancelan inversiones, juegan al achique, aplican estrategias de sobrevivencia, e igual se descapitalizan y se endeudan.

Lo que explica el repunte productivo, a contramano de los resultados del negocio, ha sido el tiempo climático, caracterizado por pronunciados vaivenes: sequía intensa en verano, otoño templado y llovedor, invierno crudo, primavera perfecta que desemboca en los diluvios en diciembre. Entretanto, creció el pasto y fue bien aprovechado.

Los productores aumentaron la oferta de ganado gordo, mientras la industria logró procesar y colocar la acrecida producción a los mejores valores posibles, nada malos en términos históricos.
En todo el período, a pesar de ser un año difícil, se faenó más de lo previsto y se pagaron por la hacienda valores superiores a los del ejercicio anterior, lo que, sin embargo, no se tradujo en mayor prosperidad para las empresas y las familias.

Algunos elementos claves de la coyuntura

Stock y extracción. La declaración jurada de existencias ganaderas al 30 de junio pasado confirmó las previsiones de disminución del rodeo que se habían anticipado.

La extracción cuantiosa del ejercicio, tanto por la elevada faena como por la voluminosa exportación en pie, no pudo ser compensada por los nacimientos ocurridos en el período, aun cuando en la primavera del año pasado tuvo lugar una importante parición.

Esa tendencia continuó en el segundo semestre de este año y habrá de cuantificarse con precisión en el próximo recuento oficial, de junio de 2019, en el que puede registrarse una nueva disminución del rodeo, en especial de las distintas categorías de novillos.

Hay en los campos menos vacunos y menos lanares. No es sinónimo de menor producción, pero se prende una luz de alerta: si no se modifican la estructura del rodeo (hacia un aumento de las vacas de cría) o los índices de productividad (con mayores porcentajes de preñez), no puede sostenerse una extracción del orden del 24-25% del rodeo, como la que está habiendo.

En este año que finaliza, la faena industrial, contrariando todos los pronósticos supuestamente entendidos (empezando por casa), ha estado todo el período en niveles superiores a los del año anterior y va a finalizar igual, o algo por encima.

No es probable que supere 2.350.000 cabezas, porque desataría una bonificación sobre los salarios acordada con el sindicato de 1,5% por productividad, lo que supondría un costo de unos US$ 4.000.000 adicionales a cargo de los frigoríficos. Para que se justifique superar esa extracción e incurrir en esos gastos agregados, el margen debería ser mucho mayor que unos pocos miles de reses.

El año que viene la faena parece que va a bajar en forma significativa, fundamentalmente por la evolución del stock, entre otras causas.
En el cuadro se aprecia la fuerte disminución de novillos en el rodeo, por la intensa extracción –tanto por la faena como por la exportación–, tendencia que continúa en el segundo semestre de este año.

Faena por categorías. Este año se faenó más o menos la misma cantidad de novillos que en 2017, pero al haber una faena mayor su participación bajó: quedó en torno al 48% del total.

Lo que subió fue la categoría “vacas” (vientres, en realidad): más de 3%, sobre todo por la mayor extracción de vaquillonas, que crecieron cerca de 5%. Un dato importante es que aumentó la participación de vaquillonas en los corrales de confinamiento.

En cuanto a la edad de faena no hubo cambios respecto a lo habitual. Aproximadamente los dos tercios de los novillos faenados eran de dentición incompleta y la cuarta parte de los vientres eran vaquillonas.

Exportación en pie. Esta vía de extracción continuó incrementando su volumen, a pesar de las incertidumbres y los traspiés que originaron los cambios en la política comercial del principal comprador de hacienda viva: Turquía.

Por estos motivos, por primera vez en varios años, hubo postergaciones de pagos, reformulación de negocios cerrados y hasta riesgos de incumplimientos en contratos en vías de ejecución. Gran nerviosismo en plaza, con muchos agentes involucrados, con situaciones inquietantes pero que finalmente fueron resolviéndose. El mercado, eso sí, se ajustó a menores valores y queda el temor en el ambiente de que pueda repetirse un fenómeno similar en el futuro.

De todos modos, si Turquía deja de ser el gran animador, hay otros destinos a los que vender, aceptando, claro, menores precios.
Veamos los volúmenes.

Sumando 2017 y 2018, esta corriente habrá sacado unos 700.000 animales vivos, en su inmensa mayoría terneros machos, que no serán novillos para faenar en nuestro país: los industriales tienen razón en preocuparse.

De todos modos, hoy por hoy, la exportación en pie es un elemento esencial para la ganadería, que los productores consideran intocable: ya no mera válvula de escape sino negocio en sí mismo, con su sistema específico de producción, financiamiento y comercialización.

Exportación. La exportación de productos cárnicos bate un nuevo récord. Según proyecciones del INAC, a fin de año se recaudarían unos US$ 1.600 millones por la venta de carne vacuna y unos US$ 1.900 millones al incorporar todos los otros rubros que componen el sector (carne ovina, equina, de ave, menudencias y subproductos diversos).

Deberíamos también agregar los ingresos por exportación de animales en pie, con lo cual el monto trepa hasta cerca de US$ 2.300 millones, 30% del total de las ventas de bienes al exterior en el año.

En volúmenes, se exportarán este año unas 470.000 toneladas peso canal, 5% más que el año anterior.

En cuanto a los mercados, China reafirma su preeminencia, comprando más de la mitad de los volúmenes exportados y puede llegar a captar hasta el 60% de las toneladas en 2019.

El reciente protocolo acordado para exportación de carne con ese país establece algunas exigencias restrictivas nuevas, como la ampliación de la cuarentena en establecimiento de origen a los ganados a faenar, llevándola a 90 días. Por otro lado, mejora el acceso por la posibilidad de vender carne enfriada a China, dada la extensión a 120 días de la validez del producto, ya que la mitad de ese plazo se lo llevan el flete y los trámites de importación.

También genera expectativas la reciente y demorada reapertura del mercado japonés, gran comprador de carne de Australia y EEUU a precios altos, al que los exportadores uruguayos aspiran a filtrarse con algún producto.

Si bien hay factores auspiciosos en el escenario del comercio cárnico, también existen amenazas.

Una de las principales tiene que ver con la permanencia de la Cuota 481. La UE y EEUU están negociando adjudicar con exclusividad a este último 35.000 toneladas (de las 45.000), lo que dejaría solo 10.000 para repartir entre Uruguay, Argentina y Australia.

Uruguay exportó 18.000 toneladas dentro de la 481, por lo que, de arribarse a esa definición, prácticamente supondría la pérdida del negocio, tal vez el principal de los que dinamizaron la producción en los últimos años. La alternativa a esta pérdida, según los exportadores consultados, apunta a productos similares que podrían colocarse en China y en el recién estrenado Japón.

Tal vez el principal desafío provenga de la región: Argentina –que ha vuelto a la cancha– y Brasil –con la competitividad que le proporciona su moneda más débil (igual que a Argentina)– constituyen formidables competidores. También Paraguay, con presencia creciente en mercados a los que Uruguay siempre atendió con preferencia (como Israel), avanza con fuerza.

Una novedad: importación de carne

Este año se dio una circunstancia peculiar: las relaciones de precio de la carne en la región aparejaron un aumento notable de esa corriente comercial (importación de carne vacuna en cortes finos para el consumo local), operación que suele usarse en pequeños volúmenes en circunstancias muy acotadas, pero que en esta oportunidad alcanzó niveles significativos, ya que triplicó los volúmenes del año pasado.

Cuando el Ing. Agr. Jorge Acosta, gerente de Información del INAC, presentó los datos en los primeros días de diciembre iban 16.000 toneladas importadas; a mediados de mes implicaban un monto de más de US$ 53 millones y probablemente las cifras sean mayores a fin de año. También se importó carne de cerdo por US$ 80 millones, pero ese tema merece una atención aparte.

Brasil es el principal proveedor, pero también hubo compras a Paraguay y Argentina.

Como Acosta explicó inapelablemente, es un proceso beneficioso, ya que la importación para cubrir demanda del público local libera volúmenes equivalentes para la exportación, obviamente a mayor precio (si no fuera así, se destinarían al abasto).

En síntesis: Uruguay exporta carne por US$ 1.600 millones e importa por US$ 50 millones y pico.

Los precios del ganado y de la carne

Las cotizaciones del ganado de embarque estuvieron casi siempre por encima de las de 2017, a pesar de que la oferta forzada por el tiempo adverso fue muy importante en muchos momentos. La competencia entre las plantas frigoríficas se mantuvo intensa y los precios lo reflejaron.

Recién en noviembre la industria logró posicionarse unificadamente y forzó una caída sostenida en los valores de la hacienda. En cuatro o cinco semanas acumuló una baja de 10% respecto a los picos máximos de octubre, tanto en vacas como en novillos; un descenso que recién finalizó a mediados de diciembre, con una faena sustancialmente más reducida.
Los indicadores que relevan la marcha del mercado –tanto los del INAC como los de la ACG– mostraron firmeza en los precios de la hacienda a lo largo de casi todo el año. Los valores de la carne exportada también fueron superiores a los del año precedente y cierran el ejercicio 2,5% por encima.

El nivel de precios de los novillos de embarque y su relación con los márgenes y costos industriales lo expresa con claridad el indicador del Novillo Tipo del INAC, que este año ha estado por encima de la media histórica: alrededor del 78% del valor total de los productos fue captado este año por los proveedores de hacienda, cuando el promedio histórico es 75%.

También los indicadores referidos a la relación del precio de la hacienda con la carne exportada se ubicaron casi todo el año en porcentajes elevados, superiores a los promedios que habitualmente se obtienen.
Las categorías de reposición lograron, asimismo, valores entonados: solamente los terneros registraron promedios algo inferiores a los del año pasado –por los vaivenes del mercado turco para la exportación en pie–, pero igualmente altos en una comparación de más largo plazo.

“La micro”: resultado económico de las empresas ganaderas

Contrariamente a lo que podría suponerse, dados los buenos valores de la hacienda de todas las descripciones, así como los aceptables (aunque variados) resultados productivos, los establecimientos ganaderos tuvieron, en general y en promedio, un año pésimo en cuanto a los márgenes de su negocio.

Las instituciones que relevan estos indicadores, tanto el Plan Agropecuario como Fucrea, pero también las gremiales, consultoras privadas, cooperativas y demás entidades que realizan análisis económico (macro y a nivel de empresa), coinciden en señalar la falta de rentabilidad de la actividad, así como sus consecuencias: retracción en la inversión, descapitalización y endeudamiento.

El Ing. Agr. Gonzalo Ducós, coordinador ganadero de Fucrea, expuso un dato impactante: se necesitan 480 hectáreas de campo ganadero promedio en propiedad para pagar una canasta familiar de Búsqueda.

Y la inmensa mayoría de los establecimientos tiene menos de esa área.
Las razones que explican la debilidad de las empresas ganaderas no están en los mercados externos, ya que la carne que se vende, tanto en el exterior como en el abasto interno, alcanza valores razonablemente altos, los que se están trasmitiendo bastante fielmente a los productores.

Es el contexto macroeconómico en el que se desarrolla la actividad productiva lo que explica las dificultades: atraso cambiario profundo y prolongado, costo-país sobredimensionado, tarifas infladas para recaudar, problemas con la productividad de la mano de obra disponible, impuestos ciegos al resultado del negocio, carencias en la infraestructura pública, problemas de inserción internacional, y la lista sigue.

Síntesis, con escaso optimismo

Finalmente y resumiendo: la ganadería logró, pese al viento en contra y a los numerosos obstáculos que debió y debe enfrentar, alcanzar este año importantes volúmenes de producción, que se colocaron a valores entonados, siguiendo por tercer año consecutivo una línea de moderada recuperación.

Así se llegaron a batir nuevos récords de recaudación de divisas, tan necesarias para las finanzas del país, justamente en un año en que otros rubros relevantes se habían desplomado, como la soja, devastada por la sequía del verano pasado.

En el ejercicio se concretaron algunas mejoras en el acceso a los mercados externos, como en China; la gran novedad la constituyó la largamente postergada apertura de Japón.

Inversamente, los otros mercados relevantes presentan amenazas, como la eventualidad de perder la Cuota 481 en la UE.

Además, la competencia creciente de los vecinos de la región define un escenario mucho más desafiante para el futuro inmediato.

El problema mayor, el que no permite ser optimista, es el entorno económico negativo. El atraso cambiario, que no promete corregirse (mucho menos en un año electoral), pone una pata enorme encima de las empresas ganaderas y, en general, de todas las productoras de transables.

De todos modos, en esta comunicación especial de fin de año les deseamos éxitos y felicidades, que de luchas porfiadas saben y sabemos. Salud. •


Compartir: