PARA HABLAR DE CARNE…

Acá estamos de vuelta, después de largo tiempo 

No estuvimos ausentes, ni distraídos, en todo este trayecto seguimos de cerca la marcha de los acontecimientos, en el país y en el sector. Estábamos al acecho, esperando el momento en que los jóvenes del equipo, encargados de la difícil tarea de actualizar tecnológicamente a los mayores, dieran la voz de aura para volver a la cancha: acá estamos, pues, a ver si aportamos algo útil al diálogo nacional.

En este primer renovado contacto con los lectores, intentemos una descripción somera del momento, a ver dónde estamos parados; en este capítulo hacemos foco en el área ganadera.

Es un buen año para la producción a corral, lo que contribuirá con mejores valores promedio en los próximos embarques de exportación. /Tomada de http://agro-advance.com

Relevancia del sector

Como desde hace 400 años, la ganadería vacuna sigue siendo el principal sector económico del país, tanto por su aporte como recaudador de divisas –en todo el año pasado y en lo que va del presente, el rubro cárnico volvió a ser el principal en cuanto a los montos exportados–, pero además sigue presidiendo la mesa de los residentes en este país, independientemente del estrato económico que integren, que para todos hay una especialidad.

La cadena cárnica y sus derivadas (como la industria del cuero) integra, desde los campos, y aún antes, hasta los contenedores en el puerto, o, por otra línea, hasta el plato en la mesa familiar, o servido en el restorán popular o elegante, una vasta red de actividades y consecuentemente de empleos de diferente calificación e ingresos, a lo largo y ancho del territorio nacional.

La producción ganadera de carne en los campos interactúa con los otros rubros –agricultura, forestación, hasta con los cultivos hortícolas– dinamizando la economía del Interior y del país todo. Y no es cierto que sea una actividad primitiva: la ganadería demanda e incorpora continuamente innovaciones tecnológicas avanzadas.

“La vaca”, pues, como antes fue, y como será mañana, el estandarte distintivo nacional, a pesar de que no todos lo advierten.

El rodeo y la producción en la coyuntura actual

Al correr de los últimos tres años, el stock vacuno viene bajando: desde el récord de más de 12 millones de cabezas, contabilizadas en junio de 2016, acumulará una baja de cerca de 1 millón de reses en el próximo recuento de mitad de año.

No hubo mortandades ni otras catástrofes, sino que hubo condiciones ambientales y de mercado que ambientaron una extracción por encima de la reposición. Ese desequilibrio no es sostenible a corto plazo, tendría que mejorar fuertemente la productividad, lo que requiere de bastante tiempo y condiciones apropiadas; en estas circunstancias, inevitablemente, el rodeo se reduce.

Afortunadamente, la extracción voluminosa de los dos años pasados se realizó a valores relativamente altos, aunque no por ello se resolvieron las fragilidades económicas y financieras de las empresas, atenazadas por una serie de factores adversos con los que han tenido que lidiar a lo largo de un extenso período.

En lo que va de este año se mantiene una elevada extracción, con faenas que siguen siendo voluminosas, aunque se registra una caída significativa de la exportación en pie, respecto a los récords del año anterior. Lo que puede esperarse es que la faena baje a medida que transcurran los meses -faltan animales de las categorías de faena-, aunque la salida de animales en pie pueda volver a entonarse. La extracción total en el año bajará, con toda seguridad.

La faena, finalizando el primer cuatrimestre, es algo inferior a la del año anterior: 20 mil reses menos, 2,6% de baja. Aumentó la extracción de vientres (suman 54% entre vacas y vaquillonas) y bajó la de novillos a 45% del total, casi 50 mil cabezas menos de la categoría.

El tiempo y el pasto

El actual momento de la ganadería, incluso más que por la dinámica de los mercados, está signado –una vez más, y como siempre–, sobre todo por el tiempo climático.

En la pasada primavera y en el inicio del reciente verano se registraron lluvias diluviales, que provocaron algunos perjuicios, pero ambientaron una explosión forrajera, tanto de los campos naturales como de las pasturas sembradas.

Los ganados se recuperaron –luego de haber sufrido una prolongada sequía de verano y un invierno crudo–, las categorías de embarque se prepararon aceleradamente, las vacas lechudas engordaron fuertes terneros y, sobre todo, los rodeos de cría auguran, ya se está confirmando, un alto porcentaje de preñez.

Luego de las grandes aguas de diciembre y enero, en los meses siguientes y hasta fines de abril, las lluvias fueron escasas y muchas zonas sufrieron por el déficit hídrico, que provocó una caída en el volumen y la calidad del forraje, y la pérdida o afectación de los cultivos forrajeros sembrados en este período.

En estos momentos, fuertes tormentas parecen dar por terminada esta situación, un acontecimiento muy favorable para la ganadería, aunque frenan y tal vez perjudiquen la recolección de la gran cosecha de soja que estaba en trámite.

Los precios del ganado

El año pasado se registró una cuantiosa extracción industrial (que no estaba en los papeles de los pronosticadores) sin que los precios de la hacienda bajaran, a pesar de que durante la temporada de mayor actividad los campos estaban arrasados por la sequía y la abultada oferta de ganado presionaba en los portones de los frigoríficos.

Este año, por lo menos en este primer cuatrimestre, con una situación forrajera mucho más holgada, la oferta de hacienda gorda se realiza en mejores condiciones para los ganaderos y los precios estuvieron siempre por encima de los del año anterior, en porcentajes que van de 3 a 11, según la categoría y el momento.

Otro tanto ocurre con la reposición y la cría, cuyos valores superan claramente los registros anteriores, lo que es lógico, dados los balances de stock y disponibilidad forrajera: hay menos hacienda y más áreas para pastoreo.

A eso se suma la baja del precio de los granos y subproductos agrícolas, que hoy tienen una relación con el kilo de carne o de animales en pie que justifica su mayor utilización en este destino.

La industria frigorífica expone sus dificultades para trabajar con estos valores de la hacienda, que no dejan margen a las empresas; este funcionamiento no sería sostenible para muchas plantas.

No es que los frigoríficos no hayan intentado bajar los precios en todo este período, pero cada vez que lo intentaron, pasando menores valores, la oferta de ganado se retrajo y debieron volver atrás.  Por lo menos hasta ahora. En los últimos días, vuelve a producirse un nuevo episodio de esta pulseada, cuyo desenlace está por verse, aunque la inminencia del invierno fortalece la posición de los compradores.

Los mercados de la carne

La exportación de carne continúa con valores entonados, algo superiores a los del año pasado: casi 2% de suba en el acumulado del primer cuatrimestre.

Sin embargo, se registra una fuerte caída en los volúmenes vendidos, del orden de 12,4% respecto a igual tramo del año anterior. El resultado es una baja de cerca de US$ 60 millones, 10,7% menos.

Por la composición de la producción (más vacas que novillos) y por el destino que llevan nuestras carnes hasta el momento -con una predominancia abrumadora y creciente de China (más del 51% del total), el único mercado que crece mientras todos los demás bajan-, el precio promedio logrado no refleja cabalmente el buen momento del mercado.

Cuando aumenten las faenas de novillos y los embarques de cortes finos, en gran parte dentro de las cuotas de valor (481, Hilton, EEUU), los precios promedio también aumentarán.

La amenaza verosímil de perder todo o gran parte de la Cuota 481, a corto o mediano plazo, obliga a buscar otras opciones para este tipo de producto. Tal vez Japón pueda tener un lugar entonces.

Como adelantamos, es un buen año para la producción a corral, lo que contribuirá con mejores valores promedio en los próximos embarques de exportación.

El mercado interno

Lo más destacable es el incremento y la consolidación de la corriente de importación de carne para el abasto doméstico. Los volúmenes han ido aumentando, con aceptación del consumidor local y mejores márgenes para los comerciantes.

La carne y el ganado están más baratos en los otros países de la región, en gran parte por razones cambiarias.

Esto provoca una serie de impactos en varios ámbitos, positivos y negativos, pero no cabe pensar en modificar las reglas de libertad comercial. •


El dólar

Finalmente, en el centro de la cuestión: el atraso cambiario que arrastramos desde hace años. Los gobiernos prefieren el dólar achatado contra el piso, pero no pueden manejar los sacudones del exterior, como el que vino, una vez más, de la Argentina.

Así que, chapoteando en la estela de la turbulencia argentina, el dólar se está moviendo en nuestra plaza: al día de escribir esta nota (26 de abril) cotiza a $ 34,65, lo que equivale a una devaluación de casi 22% respecto a un año atrás, con una inflación de 8%; o sea que hay una interesante recuperación del tipo de cambio real en la relación con el resto del mundo, no con Argentina y Brasil.

De todos modos, la actual cotización es apenas 7% superior a la de marzo de 2016, mientras que la inflación en estos dos años supera el 16%.

Todavía no alcanzamos el valor real del dólar en ese momento; el repunte que se dio entonces fue trancado y hundido por las políticas monetarias oficiales. Esperemos que no ocurra lo mismo ahora.


En todos estos temas iremos ahondando en los próximos días, si tenemos el privilegio de contar con vuestra atención.

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