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Un cuarto de siglo de transformaciones

Nota publicada en en el último número de El País Agropecuario el 29 de agosto de 2018.

/tomada de http://noticiasuy.com
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Desde que iniciamos la publicación de El País Agropecuario, cuyo primer número se lanzó en marzo de 1995, hasta el momento actual, en el que se cierra este ciclo, transcurrieron 282 meses, 23 años y medio.
En este casi cuarto de siglo, el agro vivió todo tipo de peripecias: sequías, inundaciones, aftosa, crisis económicas, vientos huracanados de la naturaleza y de las finanzas.
No obstante, a los tropezones, con adelantos y retrocesos, el país y el agro han avanzado y se han modernizado en muchos aspectos.
Algunas trabas y limitaciones del pasado aún persisten y se han agregado algunas nuevas, pero hay más músculo y conocimiento para resolverlas.

Una mirada al inicio: aftosa y mercados
En 1994 Uruguay había dejado de vacunar contra la aftosa y gestionaba el estatus de país libre sin vacunación, que lograría en mayo de 1996. El nuevo estatus le iba a abrir los mercados de valor para todos los productos: carne con y sin hueso, y menudencias, que podían colocarse a mayores precios.
En los años siguientes, Uruguay fue seguido por todos los países de la región, con una audacia que la historia demostró errada: en octubre del año 2000, y luego, masivamente, en abril de 2001, el virus ingresó imparablemente de Argentina, que tenía aftosa y la ocultaba.
En cuanto se reconoció la presencia del virus, se cerraron todos los mercados para la carne, animales vivos y otros productos.
Se volvió a la vacunación y este sistema continúa hasta el presente. Con ingentes esfuerzos, se consiguió el reconocimiento del estatus de país libre de aftosa con vacunación y se fueron reconstruyendo las corrientes comerciales, proceso que todavía no ha terminado.

Un enfoque histórico
A mediados de la primera década del nuevo siglo, una serie de fenómenos que se dieron más o menos simultáneamente provocaron un crecimiento sostenido de la producción agropecuaria y de la economía del país.
En China se había conformado una clase media de 300 millones de personas, que querían y podían consumir productos a los que nunca habían podido acceder, entre ellos la carne.
Carne vacuna, pero mucho más carne de pollo y de cerdo, que se producen con maíz y con soja. La demanda china, acompañada por otros países asiáticos de poblaciones numerosas, empujaba al alza los precios de los commodities en general, y los alimentarios en particular.
Actualmente, China es el principal destino de nuestras exportaciones cárnicas, agrícolas, forestales y laneras, y en el futuro podría serlo para los lácteos y los cítricos.
Por esos años (2004 en adelante), la carne exportada y el ganado alcanzaban valores cada vez más altos, batiendo récord tras récord. Algo similar ocurría con los lácteos.
En contraste con ese dinamismo de los mercados, la microeconomía agropecuaria uruguaya estaba en ruinas, con miles de productores sobre endeudados y descapitalizados. Los valores de los bienes, en especial los campos, seguían sumergidos.
Ese escenario fue propicio para la entrada de capitales de otras tiendas, algunas uruguayas, otras extranjeras, sobre todo argentinas. Muchos productores de la vecina orilla, acosados por la política hostil de los gobiernos K, se vinieron a hacer agricultura, a sembrar soja, principalmente. Encontraron un paisaje de agricultores fundidos y maquinaria agrícola en chatarra. Compraron campos a 300 o 500 dólares la hectárea y revolucionaron el ambiente productivo local, con la creación de nuevas empresas y modelos de organización.
La presencia de enormes empresas forestales internacionales, que adquirían campos para plantar árboles, contribuía a recalentar el mercado.
Más del 40% de la tierra cambió de manos en pocos años y su valor se multiplicó hasta por 10 en sus calidades respectivas.
La producción de granos en Uruguay se cuadruplicó en volúmenes y mucho más en montos dinerarios.
Este estado de bonanza tuvo una gran amenaza en 2008 y 2009, con la crisis financiera en EEUU, que se globalizó rápidamente, y de la que aún quedan secuelas.
Hacia los años 2013 y 2014, los precios de las materias primas, los alimentos incluidos, revirtieron la tendencia ascendente, dando fin a lo que se llamó el superciclo de los commodities.
En algunos rubros, como los granos y los lácteos, la caída fue muy importante; en otros, como la carne, no lo fue tanto.
El cimbronazo en nuestra economía fue duro, pero, después de bajar un escalón, los precios se estabilizaron, y en general se han mantenido en niveles relativamente altos en términos históricos.

La ganadería de antes y la de ahora
En este período de casi un cuarto de siglo hubo un aumento notable en la producción y en las exportaciones cárnicas.
La producción industrial de carne vacuna creció alrededor de 50%. Como el consumo interno bajó algo, la mayor producción se destinó a la exportación, que más que se triplicó en volumen.
Como los precios se duplicaron largamente en dólares corrientes, la recaudación en total se multiplicó casi por siete. No obstante, debe considerarse que los dólares de 1995 valían casi 70% más que los de ahora, si se corrigen por la inflación estadounidense.
Aumentaron la faena y los kilos de carne por res, bajó la edad de faena de novillos y se incrementó el número y el porcentaje de vaquillonas en la faena, por lo que mejora la calidad de la carne, lo que permite obtener cortes de mayor valor.

Nuevos sistemas productivos.
Granos en la ganadería
La explosión de la agricultura aparejó una multiplicación de la disponibilidad de granos y subproductos para la alimentación animal, que iba a volcarse no sólo a los pollos, los cerdos y las lecheras, sino también a los rodeos de carne.
Al igual que el profesor Álvaro Simeone, afirmamos que el cambio tecnológico más importante de la ganadería en los últimos 20 años es la introducción de las estrategias de suplementación en los sistemas productivos pastoriles y la difusión de los corrales, que, a mediados de la década de los 90, no pasaban de experiencias de pioneros.
Actualmente, en los corrales se terminan los ganados gordos, se concentran terneros y se recrían, se sostienen las distintas categorías de hacienda en circunstancias de escasez forrajera, entre otros manejos, lo que tiene un impacto relevante en el resultado productivo y financiero de los establecimientos.
En un proceso que está en crecimiento, alrededor de una cuarta parte de los novillos de faena provienen de los corrales.

Trazabilidad y otros conceptos
Entrado ya el nuevo siglo, como respuesta a las nuevas exigencias europeas (que la Vaca Loca acarreó), Uruguay desarrolló un sistema de trazabilidad de la carne, con la identificación individual electrónica de todos los vacunos, un seguimiento de la producción en todas sus etapas y la formación de una institucionalidad al efecto.
Este sistema agrega costos que recaen sobre los productores sin contrapartida de mejores precios, pero la industria y los vendedores de carne afirman que es fundamental para facilitar el acceso a los mercados.
Conceptos novedosos, como la importancia del bienestar animal, el cuidado del medio ambiente y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) obligan a nuevas prácticas y a asumir mayores costos para producir carne.

Los frigoríficos
De la lista de empresas frigoríficas de cierto volumen que operaban en 1995, en la actualidad apenas identificamos a Las Piedras como sobreviviente en continuidad; las demás se fundieron y se vendieron, algunas más de una vez.
El clima de inseguridad era una realidad entonces: los frigoríficos cerraban y dejaban un tendal, “bolsones” de deudas, que afectaban a numerosos productores y otros agentes (empleados, bancos, proveedores).
En la actualidad, los frigoríficos son empresas sólidas; las mayores son casi todas de propiedad de capitales extranjeros, modernas, insertas en los mercados mundiales, lo que brinda seguridad en la comercialización; en contrapartida, ejercen un poder incontrastable sobre sus proveedores en el mercado de haciendas, que genera frecuentes chisporroteos.

Mercados externos
Los volúmenes y los precios de la carne exportada se han multiplicado, y aparecieron nuevos compradores.
En las décadas pasadas, Uruguay exportaba carne a la Unión Europea (UE) dentro de los cupos, y a Brasil, a Israel, a Chile, a Islas Canarias, un poco a EEUU y a otros destinos menores.
Ahora China compra la mitad de toda la carne, el NAFTA (EEUU y Canadá) cerca del 20%, en la UE se sumó un importante cupo -la Cuota 481- y, además de los destinos tradicionales, aparece Rusia con grandes perspectivas.

Exportación en pie
Éste es el otro negocio ganadero de gran porte en la actualidad. En los últimos años, una cifra abultada y creciente de vacunos, principalmente terneros, se exportan vivos en los barcos. En el último ejercicio agrícola, por lo menos un tercio de los terneros machos nacidos en el período siguieron ese camino.
Esto ha mejorado sustancialmente los ingresos de los productores, pero genera polémicas por los impactos en el rodeo y en la disponibilidad futura de haciendas para faena industrial.

Consumo interno
En 1995, el abasto interno representaba el 59% de la producción total de carne vacuna y hoy ronda el 30%. Uruguay sigue siendo uno de los países con mayor consumo de carnes (todas las carnes) del mundo, al nivel de los países desarrollados.
A los más de 100 kilos que se detecta de consumo anual, hay que sumarle el pescado (unos 10 kilos por persona) y las achuras o menudencias, que representan como mínimo otros 4 kilos por año.
Lo diferente es la composición de dicho consumo. La carne vacuna, pese a haber bajado desde los niveles históricos en los últimos años, sigue siendo por lejos la de mayor consumo per cápita del mundo, junto con Argentina.
En nuestro país se pensaba que la carne vacuna tenía un comportamiento inelástico frente a las variaciones de precio, pero la crisis de los años 2000, que tuvo un impacto brutal en el ingreso de la población, provocó una caída sin antecedentes del consumo.
Aunque se fue recuperando poco a poco, nunca más volvió a los niveles previos al colapso. Los cambios culturales, en los hábitos de consumo, conforman un perfil alimentario diferente.
Puede verse en el cuadro adjunto una “fotografía” de dichos cambios. El pollo duplicó su volumen, por lo menos, aunque estamos lejos de Brasil y Argentina, que consumen más del doble que Uruguay.
El otro rubro que aumentó fuertemente es la carne de cerdo, que creció una vez y media en su volumen. Al igual que sucede con los pollos, la sistematización y automatización de los sistemas productivos, las nuevas líneas genéticas, llevaron a un aumento monumental en los volúmenes producidos y en la uniformidad del producto, y a una rebaja sustancial en los costos de producción y en los precios al consumidor.
Una gran parte del consumo de cerdo se abastece con carne y subproductos importados, básicamente de Brasil.
El otro producto que ha sufrido grandes cambios es la carne ovina, que actualmente ocupa un lugar muy minoritario en el set de consumo: bajó de 18 a 3 kilos por persona.
En el cuadro de stocks se observa la brutal caída en las existencias de lanares; si se abre la información, se puede apreciar que llegaron a haber dos millones de ovejas de consumo, y ése era, aproximadamente, el volumen de lanares que se consumía por año en los establecimientos y en los mataderos locales.
En las ciudades se consumía muy poca carne ovina, no obstante las numerosas campañas que se realizaban para promover el producto, pero en los campos y en los pueblos era la base de alimentación de la población.
Con la reducción de la majada y el aumento de los precios de los animales, el consumo “de campaña” prácticamente desapareció: en las estancias se suele comprar carne vacuna en la carnicería del pueblo y se conserva en el freezer, artefacto que se ha generalizado con la expansión de la electricidad.

Otros rubros
En 1995 todavía no estaban en producción las grandes plantaciones forestales y las plantas de celulosa no eran ni siquiera proyectos. Actualmente, los productos forestales se ubican entre los tres principales rubros de exportación y siguen en crecimiento.
Y en la agricultura –excepto este año, en el que la sequía provocó un desastre en la producción de granos de verano–, la suma de sus rubros, encabezados por la soja, lidera el ranking de exportación.

De cierre y de apertura
Permítaseme una personal y del equipo que integro: hace rato que acompañamos al sector agropecuario con la pluma y la palabra, y vamos a seguir en esa tarea desde cualquier trinchera que podamos excavar.
Hoy enfrentamos desafíos ineludibles, dejamos el papel y nos vamos a la tecnología digital, el mundo del futuro.
Mientras tanto, como las murgas, no les decimos adiós, sino hasta siempre. •


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