ACRECENTADA ÁREA DE CULTIVOS DE INVIERNO AGUARDA LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA

Apostando a la recuperación del negocio agrícola

La actividad agrícola en esta época del año divide su atención entre las definiciones de siembra de los cultivos “de verano” (soja, maíz, sorgo, arroz) y la condición de los cultivos “de invierno” (trigo, cebada cervecera, colza, avena), sembrados desde el otoño.

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En el caso de los cultivos de invierno, 2018 ha mostrado la expansión de la superficie sembrada total y –con diversa intensidad– la de todos los cultivos individuales, lo que permite esperar una mejora de las cosechas si se logran rendimientos al menos “normales”, que superen el pobre desempeño de la productividad en el año previo.

La efectiva concreción de ese objetivo sería clave para empezar a transformar el escenario del negocio para las cadenas de la agricultura, que soportan una coyuntura adversa en todas sus fases (agricultores, proveedores de insumos y servicios diversos, etc.).

Los cultivos –en general– se encuentran en buena condición, pero resultará clave la evolución de las condiciones del clima en las siguientes 10 a 12 semanas, las determinantes principales del nivel de rendimiento definitivo.
Los mercados también podrían contribuir positivamente, si se consolidan las mejoras observadas en las últimas semanas en algunos productos.

La situación de los cultivos

El área sembrada de los cultivos de invierno ha mostrado una recuperación en el actual ciclo, 2018/19. La superficie total reportada por la DIEA (MGAP) en la última Encuesta Agrícola alcanza a 454 mil hectáreas, 8% por encima de la sembrada en 2017, la menor superficie de cultivos de invierno en los últimos 10 años.

A pesar del aumento, el área es muy inferior a la destinada a cultivos de verano “de secano” (aproximadamente 1,2 millón de há), lo que marca un amplio margen para la expansión de la agricultura invernal en “doble cultivo”.

El análisis más detallado para los principales cultivos muestra que el área de siembra de trigo tuvo un aumento de 4%, alcanzando a 204 mil há (vs. 193 mil en 2017), la de cebada cervecera crece 12% (172 mil há vs. 153 mil previas), mientras la de colza se mantiene estable en 53 mil hectáreas. Así, el trigo y la cebada ocupan el 83% del total (con 45% y 38% respectivamente), la colza 12% y la avena el 5% restante.

En el caso de la colza, la información de DIEA incluye en realidad dos cultivos muy parecidos, ambos del género Brassica: la colza (Brassica napus) y la Brassica carinata. El primero registra un proceso de casi una década de creciente inserción en los sistemas agrícolas, impulsado por ALUR (para utilizar su aceite para elaborar biodiesel) y otros actores. El segundo es más novedoso (se alcanzaron unas 9.500 há) y está siendo introducido por la firma UPM, también para ser destinado a la elaboración de biocombustibles renovables para el uso en la aviación civil (“biojets”), sector que asumió globalmente ambiciosas metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

La colza y la carinata tienen características agronómicas interesantes y facilitadoras para su inserción en los sistemas agrícolas, en especial un “ciclo” más corto –que ubica sus cosechas al comenzar noviembre–, lo que permite siembras de soja “de segunda” en fechas tempranas (similares a las “de primera”), o que mejora su potencial productivo.

El aumento de la superficie sembrada alienta la expectativa de incrementos en los volúmenes de cosecha en todos los cultivos, lo que –obviamente– depende del logro de adecuados niveles de rendimiento en todos los casos.

Todo parecería indicar que es altamente probable que los rendimientos medios de este ciclo 2018/19 superen los del año previo, habida cuenta de los bajísimos desempeños que provocó el clima en el ciclo 2017/18. De este modo, lograr rendimientos “normales” permitiría fuertes incrementos de las cosechas.

En el caso del trigo, asumiendo un rendimiento medio de 3.300 kg/há (promedio de los años previos), se podría obtener una producción de 673 mil toneladas, volumen que resultaría 53% superior al obtenido en el ciclo 2017/18. El nivel está muy por debajo del récord de 2,7 millones de toneladas de 2011/12, pero más que duplica la cosecha triguera que se obtenía hace 15 años, antes del inicio de la fase de expansión agrícola.

Para la cebada cervecera, asumiendo también un rendimiento medio de 3.300 kg/há, se lograría una cosecha de 570 mil ton, volumen que supera en 47% a la cosecha del ciclo 2017/18. En este caso, la cosecha se ubicaría apenas 16% por abajo del récord de 680 mil ton alcanzado en 2016/17; además, superaría en 75% las cosechas de cebada cervecera que se obtenían al comenzar la fase de expansión.

La efectiva concreción de ese escenario de aumento de los volúmenes producidos permitiría un importante alivio en las cadenas de valor de base agrícola, tanto en el resultado económico de los agricultores como en los proveedores de insumos y servicios diversos (labores, asistencia técnica, logística, comercialización, etc.), que en todos los casos se han visto seriamente afectados por las caídas de la producción en los últimos años.

Señales externas

La evolución de los mercados externos aporta señales favorables durante 2018, observándose un proceso de recuperación –con la habitual volatilidad– de algunos precios claves.

Respecto al trigo (cuyas cotizaciones influyen también sobre la formación de los precios de la cebada cervecera, por los mecanismos previstos en los contratos entre productores y malterías), los precios se tonifican en 2018, en especial en los mercados regionales. Así, los precios de exportación en puertos argentinos se ubicaron en agosto en torno a 250 US$/ton FOB, lo que supera en 42% y 33% los valores de diciembre/17 y agosto/17 respectivamente.

La evolución alcista parece corresponderse con el comportamiento evidenciado por los balances globales de oferta y demanda, que en el caso del trigo muestran señales de escasez y reducción de las existencias globales acumuladas.

El Departamento de Agricultura de EEUU (USDA) informó en su reporte de agosto que se proyecta una cosecha global de trigo 2018/19 de 730 millones de ton, 4% por debajo de los 758 millones logrados en 17/18. El volumen cosechado sería inferior a la proyección del consumo global (previsto en 744 millones de ton), lo que resultaría en una reducción de las existencias acumuladas al finalizar el ciclo: caerían 5% en volumen absoluto (259 millones de ton frente a 273 millones al fin de 17/18). El escenario muestra, entonces, señales favorables para el soporte de la trayectoria tonificada de los precios observada en el pasado reciente.

En suma

El aumento del área de cultivos invernales –aunque todavía muy reducido respecto del potencial– podría contribuir a equilibrar la relación entre agricultura estival e invernal, que se ha venido alterando significativamente en los últimos 15 años. La mejora del negocio en los cultivos de invierno permitiría aprovechar la amplia superficie disponible para ampliar la práctica del “doble cultivo”, con ventajas para el equilibrio y la sostenibilidad de los sistemas.

No es novedad que la actividad agrícola sufre severas dificultades. Un escenario de precios externos que en los últimos años se vino debilitando, sumado a un precio del dólar que se ha mantenido muy bajo, fueron erosionando las condiciones del negocio, estrechándose los márgenes por la baja en los ingresos y por la suba de los costos (medidos en dólares).

Esa trayectoria adversa se acentuó en el ciclo 17/18, porque se agregaron los impactos negativos provocados por las condiciones del clima, que afectaron tanto a los cultivos de invierno como a los de verano, dando lugar a un escenario catastrófico, con severas pérdidas en toda la cadena.

Los cultivos de invierno reflejan intensamente esa dinámica, exhibiendo una marcada declinación del área sembrada en los últimos años, especialmente influidos por la caída del trigo, principal cultivo del grupo.

Sin embargo, la coyuntura muestra mejoras interesantes para las condiciones de la zafra actual. •

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