DESPLOME DE LOS PRECIOS DE LA CARNE Y DEL GANADO

La ley de Murphy en el mercado ganadero

Si algo puede salir mal, seguro que va a pasar, diría la ley de Murphy, que se aplica a cuanta cosa ocurra en este mundo. Ese enfoque pesimista nos pone los pies sobre la tierra, y en la ganadería uruguaya parece de cumplimiento inexorable.

/Tomada de http://ganadosycarnes.com

Podemos aplicar estas máximas a lo acontecido con los mercados cárnicos y de haciendas en este último período.

Debido a la conjunción de diversos factores, desde el otoño de 2019 los productores ganaderos vivieron un momento estelar que fue siendo cada vez más intenso a medida que avanzaba el año, para alcanzar su punto culminante por el mes de noviembre pasado.

Hacia arriba

Había varios elementos que se dieron simultáneamente y estaban en la base de la inédita trepada de los precios del ganado en ese período.

En primer lugar, los precios trepaban por la demanda recalentada de carne por parte de China, pero también contribuía a ese movimiento el clima favorable para la producción de forraje, que, con variaciones según las zonas y el momento, predominó durante más de un año continuadamente, desde la primavera de 2018 por lo menos. Otro factor que incidió fue la relativa escasez de ganados de categorías “faenables”, debida a los desajustes en el stock por efecto de la excesiva extracción de los años anteriores, en particular la exportación en pie de terneros machos. La debilidad de la oferta de ganados formados y la perspectiva de que siguiera agudizándose la escasez, impulsaba los precios al alza.

En cierta medida, también incidió la evolución del tipo de cambio, que subió por encima de la inflación en el último año, restableciendo parte de la competitividad cambiaria perdida  a lo largo de los años anteriores. Más que el efecto puntual, lo que cambió fue la expectativa de que este proceso iba a continuar.

Por último, pero no menos importante, fue la tan intensa como inusual puja de los frigoríficos por hacerse de los ganados para cumplir los negocios, lo que reforzó los aumentos de precios de la hacienda, hasta dejar en números rojos a muchas empresas de ese ramo industrial.

Ese combo de piezas diferentes encastraba perfectamente y alentaba perspectivas de continuidad. Cada tanto ocurre un episodio de este tipo, que los comentaristas califican como de “euforia ganadera”, aunque no da para tanto.

Hacia abajo

Con todo, hasta noviembre, todo coincidía en generar optimismo al que no se le veían fisuras. Sin embargo, como suele ocurrir en la vida, y en particular en esta materia, el escenario se revirtió de un día para otro.

China dijo basta a la suba constante de precios: la carne debía bajar. Para eso apeló a un cuantioso aumento de la oferta de carne, sobre todo de cerdo, sacada de stocks estratégicos para atender la demanda de las fiestas y vacaciones en ese país, abrió las puertas al “canal gris” (contrabando semilegal) y ejerció presión sobre las empresas importadoras, lo que provocó un desplome de los precios de todas las carnes. Quebrantos, incumplimientos de negocios cerrados, reliquidación de mercadería a menores precios, de todo hubo. El resultado se traduce en una baja del orden del 25 o 30 % en el precio de la carne colocada o a vender en ese país, dato que ni siquiera recogen las estadísticas, las que deberán revisarse a la luz de la nueva realidad: en particular, los registros de exportaciones de diciembre no guardan relación con lo acontecido.

El gigante asiático se había constituido en el comprador hegemónico a nivel mundial de carne vacuna, y esa posición dominante le permitió forzar una abrupta corrección a la baja de los valores. Años, décadas atrás, ese país ya había realizado acciones similares con otros productos: azúcar, lana, granos, y más recientemente, lácteos.

China ha evolucionado y reivindica su condición de economía de mercado, pero, aún sin fijar los precios administrativamente, el Estado ejerce un poder decisivo sobre los mercados.

No se le puede reclamar a los proveedores responsabilidad alguna en el proceso de suba desmesurada y posterior desplome de los valores, porque si un frigorífico, pongamos por caso, no le vendía a China, no podía pagar los precios a los que había llegado el ganado, quedaba fuera del mercado. Algo parecido ocurrió (más dramáticamente, porque quedaron saldos impagos) con Venezuela y los lácteos hace pocos años. Si las industrias no vendían los productos al convulsionado país petrolero  no podían comprar un litro de leche, perdían sus proveedores.  

El nuevo escenario

La baja del precio de la carne en China puede llegar al 30 % en los nuevos negocios; los ganados de embarque bajaron hasta ahora entre un 10 y un 12 %, con escasas ventas  concretadas. Con todo, los precios actuales todavía son muy superiores a los de un año atrás. Afortunadamente, la producción actual es reducida, y hay destinos alternativos, aunque a menores valores, para la carne uruguaya. Entre ellos, el mercado interno, que estaba siendo a abastecido en buena medida con carne de Brasil.

Las categorías para el campo también iniciaron un ajuste a las nuevas condiciones, pero todavía mantienen altos valores.

Otros factores que empujaban el precio de las haciendas a los altos niveles referidos también se revirtieron: el tiempo climático dejó de ser tan favorable a la producción forrajera –gran parte del Sur del territorio atravesó por un período seco muy intenso, que se atenúa recién  con las lluvias de esta semana–, y el dólar, que venía subiendo, se frenó, y desde octubre hasta el presente lleva tres meses sin moverse.

Expectativas positivas

Aún con estos ajustes, se puede mantener el optimismo: la situación depresiva puede cambiar en breve, ya que los fundamentos del mercado apuntan a una valorización de la carne, todas las carnes, en el corto y mediano plazo, dado el desequilibrio gigantesco en la disponibilidad de carne porcina en China, la principal carne en el consumo popular. •

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